¿Cómo funcionan las Fachadas Ventiladas?

Su principal característica es la de crear una cámara de aire en movimiento, separada por dos hojas, una interior y otra exterior, sujeta a una subestructura metálica, entre las que se instala un aislante térmico. Esta estructura garantiza una ventilación continuada a lo largo de toda la superficie de la fachada, una especie de colchón térmico, entre la pared revestida y el paramento exterior, resultando así un “efecto chimenea”. Las ventajas más inmediatas que proporciona este sistema son: protección térmica, estanqueidad y estabilidad.

La estructura del edificio queda aislada de las variaciones de temperatura en el exterior, proporcionando ventajas térmicas  tanto en invierno como en verano, y aminorando el  consumo energético.

En verano, gracias a la corriente renovadora de aire frío que generan en su interior, evitan el recalentamiento de los paramentos exteriores de los edificios, impidiendo que las temperaturas interiores de los mismos se eleven.

En invierno el efecto es otro, pues es la propia fachada ventilada la que actúa como un acumulador de calor, evitando así la pérdida de temperatura del edificio.

En ambos casos, el resultado es un aumento de la eficiencia energética con el consiguiente ahorro en el consumo.

 
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